La tarde en que todo cambió
Los días anteriores habían sido calurosos, húmedos y lluviosos. Aquel lunes 20 volvió a llover hasta cerca del mediodía; después salió el sol y regresó el calor sofocante. Hacia el final de la tarde, mientras la última lancha cruzaba hacia Posadas, el cielo cambió con extraordinaria rapidez.
Entre las 18:20 y las 18:45, un torbellino avanzó desde el Paraná y entró por el sector del antiguo muelle. En cuestión de minutos una franja de la Villa Baja quedó arrasada: casas derrumbadas, árboles arrancados, postes quebrados, chapas volando e incrustándose en árboles y estructuras, y las grandes vigas del muelle retorcidas. Después quedaron la oscuridad, la lluvia, el agua entre los escombros y los pedidos de auxilio de quienes seguían atrapados.
De aquella noche quedaron nombres. José Kreuser y Jorge Memmel buscaron ayuda en la otra orilla. La investigación histórica de Julio Sotelo rescata también a Daniel Rodríguez Génez, “Ministro”, uno de aquellos canoeros capaces de atravesar un Paraná todavía embravecido. Juan Perotti, trabajador de la usina, quedó en la memoria popular como quien intentó cortar la electricidad antes de morir, aunque Sotelo advierte que esa versión no puede considerarse definitivamente comprobada.
Alfredo Stroessner tenía entonces 13 años: había nacido en Encarnación y realizaba parte de sus estudios en Posadas. La memoria local lo vincula con aquella Encarnación del ciclón, aunque la documentación consultada no permite establecer con precisión dónde se encontraba al momento exacto del impacto.
Historias que muestran la fuerza del tornado
- Un piano voló tres cuadras. Había sido traído desde España; el tornado lo levantó de una vivienda y terminó completamente destruido.
- Ocho días después todavía aparecían víctimas. Los testimonios recuerdan incluso el hallazgo de restos humanos entre los árboles.
- La familia Castelnovo perdió a 13 de sus integrantes. Carlos Alberto Castelnovo, de 16 años, sobrevivió porque había salido de la casa para realizar un encargo.
- El muelle parecía una fortaleza. Tenía grandes pilares de concreto y vigas de hierro y se internaba unos 300 metros en el Paraná. El tornado derribó la estructura y dejó sus hierros retorcidos “como de plástico”.
- Las chapas quedaron clavadas en los árboles. Sobrevivientes recordaban que, años después de la tragedia, todavía podían verse chapas de zinc incrustadas en sus troncos.
- Hubo casas partidas por la mitad. La destrucción extrema siguió una franja relativamente estrecha: a poca distancia podían encontrarse viviendas casi intactas y otras totalmente arrasadas.
- Hubo muertos que debieron ser enterrados envueltos solamente en sábanas. La cantidad de víctimas desbordó los medios disponibles y no había féretros suficientes para todos.
- Después del tornado llegó la oscuridad. Con los postes y las líneas destruidos, la lluvia continuó y algunos relatos describen sectores de la ciudad cubiertos por cerca de medio metro de agua.
Posadas fue la primera mano
Cuando Encarnación todavía estaba incomunicada, la noticia cruzó el río. Posadas suspendió sus actividades festivas y comenzó a movilizar médicos, enfermeros, embarcaciones, medicamentos, alimentos, ropa y féretros. La Logia Roque Pérez se convirtió en Hospital de Sangre; la Sociedad Española puso sus instalaciones a disposición y el Hospital Regional recibió a los heridos más graves. Hasta los ferrobarcos fueron utilizados como hospitales y albergues improvisados.
Desde Posadas partió también el mensaje que hizo conocer la tragedia en Asunción. A las 5:45 de la mañana siguiente llegó el telegrama: “Ayer 6 y 45 (pm) un fuerte ciclón arrasó la mayor parte de Encarnación, ciudad baja. Hay numerosas víctimas”.
La respuesta desde la capital paraguaya llegó después. El gobierno de Eligio Ayala envió asistencia y, en la madrugada del 22, arribó un tren especial con autoridades, médicos, practicantes, enfermeros y material sanitario. Para entonces, la primera gran operación de socorro ya había convertido al Paraná, más que en frontera, en el camino por donde dos ciudades intentaban salvar vidas.
¿Por qué lo consideramos un tornado F5?
No existen mediciones instrumentales del viento de aquella tarde. La clasificación es, por lo tanto, retrospectiva y se apoya en los daños. En 1976, María Luisa Altinger de Schwarzkopf y Romualdo Migliardo citaron expresamente al tornado de Encarnación del 20 de septiembre de 1926 como de intensidad F5 en la escala Fujita. Los testimonios históricos describen una franja concentrada de destrucción extrema, viviendas arrasadas, árboles arrancados, objetos transportados a grandes distancias y estructuras pesadas deformadas. Además, estudios recientes mencionan que entre el año 1925 y 1926 se desarrollaba un "Fenómeno del Niño Muy Fuerte", condición que habría favorecido al desarrollo de sistemas de tormentas frecuentes.
Encarnación se encuentra además dentro del denominado Polígono de Tornados de América del Sur (PTAS), desarrollado en los trabajos de Daniel Candido: una amplia región que incluye Paraguay y sectores del norte argentino, Uruguay, centro-sur de Brasil y parte de Bolivia, donde la climatología favorece tormentas severas capaces de producir tornados. Estudios recientes recuerdan, sin embargo, que los registros históricos están condicionados por la población y la disponibilidad de observaciones; iniciativas como la base SAMHI buscan justamente documentar estos fenómenos con criterios comunes y verificables.
Pero el centenario recuerda algo más que la violencia del viento. Recuerda a una Encarnación que perdió familias, viviendas y buena parte de su corazón comercial y que, aun así, volvió a levantarse. Durante años, la memoria local recuerda el 20 de septiembre como jornada de duelo y asueto, cuando las familias acudían al cementerio a visitar a sus muertos. Y recuerda sobre todo aquella hermandad posadeña-encarnacena nacida en la peor de las noches: dos pueblos separados por el Paraná que demostraron que, frente a una tragedia, la solidaridad puede ser más fuerte que cualquier frontera.
Sección de comentarios
Inicia sesión para dejar un comentario.